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Encajar

Encajar.


A estas alturas de mi vida he llegado a la conclusión de que algunos nunca lo logramos. Tan difícil como armar un puzle en el que todas las piezas sean blancas y sin diseño e intentar encontrar el sitio adecuado en el que va una y encaja con la otra. Así me siento la mayoría de las veces.


Así me he sentido toda la vida.


A veces me pregunto si el problema soy yo. Otras sé que es así. A veces me cuestiono cómo ven el mundo los demás, aquellos a los que les resulta tan fácil encontrar su sitio. Quisiera saber si todo eso es real o solamente saben (mejor que yo) aparentar y actuar, mimetizarse con los demás, convertirse en lo que se espera que sea en ese momento.


A veces me pregunto si el problema está en los demás, si la gente es tan sencilla y yo tan compleja o viceversa. A veces siento que pensar así me convierte en un ser egoísta que se cree superior, pero no es eso, simplemente no logro entenderlo.


Muchas otras veces me he puesto a leer síntomas de trastornos, para ver si en ellos encuentro la respuesta, si me veo reflejada en alguno…


A veces, solo me rindo y dejo de intentarlo. ¿Para qué más a estas alturas? ¿Cuál es la probabilidad?


Otras veces, bastantes y más de las que me gustaría, me he dejado llevar por la intensa necesidad de “ser parte” y me he atajado a cualquiera por el solo hecho de sentir que encajo.


Y otras, las más tristes, me he quedado sola viendo como todos parecen hablar un lenguaje que yo desconozco por completo.


Y aquí sigo, luego de haber pasado por la escuela primaria sin éxito alguno en la tarea de encajar. De haber atravesado la secundaria y la universidad con un disfraz que me permitió, aunque sea por momentos, sentir que era parte. De haberme criado en el seno de una familia de la que me sentí siempre distinta. De haber atravesado la vida entera siempre en busca de encontrar mi sitio para sentirme menos perdida y sola.


Pero ahora, y luego de tanto andar, me siento agotada. Ya no me quedan ni fuerzas ni ganas de seguir intentándolo solo para volver a golpearme de nuevo. A lo mejor algunos no estamos destinados a encajar, a lo mejor las piezas del rompecabezas del que somos parte se han perdido para siempre o están demasiado lejos para buscarlas, a lo mejor venimos con una especie de “defecto de fábrica” que no nos permite encajar con los demás. A lo mejor somos especiales… a lo mejor somos demasiado raros… a lo mejor no sé nada, a lo mejor ni yo misma me entiendo…


A lo mejor algún día encuentro el resto de mi puzle.


A lo mejor nunca lo hago...

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